Los planes de José o el proyecto de Dios (Mateo 1,18-24)

por xavimat  

[Evangelio del domingo, 22 dic 2013]

Mateo 1,18-24:

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
—José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Con-nosotros-Dios”.»
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

El último domingo de Adviento se centra en el anuncio del nacimiento de Jesús. Mateo nos lo cuenta desde el punto de vista de José, el santo silencioso y justo, fiel y cumplidor de la Ley. El evangelio de Mateo se abre con una larga genealogía que presenta los orígenes de Jesús: es hijo de Abraham, e hijo de David, y, por tanto, heredero de la promesa que Dios hizo al rey David: Todo rey de Israel debía ser descendiente suyo. Después de esta presentación, comienza Mateo a relatar la historia con dos personajes: María y José, rodeados de muchos otros: el Espíritu Santo, el hijo que comienza a formarse en el seno de María, el ángel del Señor... mucha gente para tan pocos versículos. Y es que Mateo es un maestro de la síntesis, prefiere centrarse en lo esencial, nos da pistas para que entendamos el núcleo de su mensaje, pero no se pierde en detalles innecesarios.
Al menos nos da pie para imaginar el drama de José. María estaba desposada con él, según la costumbre en la época, pero no vivían juntos porque todavía se tenía que celebrar el matrimonio. José es un hombre justo, es lo primero que se nos dice de él, y ‘justo’, en la Biblia, es aquel que respeta y obedece la voluntad de Dios expresada en las Escrituras. Podría haber denunciado públicamente a María, pero toma otra decisión, repudiarla en secreto, es decir, en privado, de forma que no tenía que dar explicaciones a nadie.
Fijémonos en los detalles; tenemos a José, el personaje más humilde y silencioso de los evangelios, del cual se han dicho tres cosas: lo que no quería, lo que decidió y la resolución que tomó. La pregunta de fondo que surge, cuando apenas hemos leído un par de frases de la narración de Mateo, es, ¿quién toma las decisiones?, ¿quién lleva adelante la historia?, ¿quién manda aquí?
Es cierto que José cree estar obedeciendo a Dios, porque él es justo, pero necesita que Dios mismo ilumine su historia, le dé nueva luz a los acontecimientos dramáticos que le suceden. José sería solo un cumplidor de la Ley; pero Dios le va a dirigir su mensaje para darle una misión especial y exigente.

Cuando José tiene sus planes hechos, cuando ha reflexionado sus prioridades y sus opciones y tomado una decisión, llega el mensajero de Dios y le pone la vida patas arriba (en esto Dios es especialista). Tiene que acoger a María como esposa, ejercer de padre poniéndole el nombre a Jesús y darle su apellido: «Descendiente de David». El ángel también le da los motivos: «vuestra familia ha sido elegida para traer al mundo al salvador, es el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios, el que ha querido y ha hecho que ese niño vaya a nacer».
El mismo nombre de Jesús indica su misión, Yeshúah significa «Dios salva». Jesús, que viene de Dios, salvará a su pueblo. ¿Por qué dice «su pueblo»?, porque él es el Rey, como legítimo hijo de David y heredero de las promesas. La misión de José, en el fondo, es muy importante, porque desde el punto de vista judío, Jesús sólo podía ser el Mesías gracias al «apellido» que heredó de su padre adoptivo. José es, de verdad, el esposo de María, Mateo lo dice cuatro veces y hasta el ángel lo repite sin necesidad, solo para enfatizarlo (no temas acoger a María, ‘tu mujer’).

Mateo subraya, además, una cita del profeta Isaías. Cuando el profeta la pronunció, quería ser un signo de esperanza en tiempos de guerras y dificultades. Isaías insistía en que Dios estaba con ellos, que no les abandonaba. Cuando el evangelista reflexiona sobre esta cita, se da cuenta de un sentido profundo que Isaías no había sospechado. En Jesús se cumple de verdad que «con nosotros está Dios», por tanto no hay nada que temer, él ha venido en persona a visitarnos mediante su Hijo. Si Dios está a favor nuestro, ¿qué podremos temer?

Al despertar, José demuestra que de verdad es «justo», que cumple la voluntad de Dios, y lo hace en seguida, sin rechistar, sin decir nada. Por ello José sigue siendo el modelo de hombre justo, obediente, trabajador. A pesar de su silencio, y gracias a él, José manifiesta una actitud de respeto profundo a Dios, de vivencia honda de su fe. No todos hemos de ser como Juan Bautista y gritar por los desiertos, también el honrado trabajador y trabajadora tienen una misión muy alta que Dios necesita que ellos cumplan. Nadie sobra en la Iglesia de Dios.

Igual que a José, a nosotros Dios nos confía una misión. Es lo que los creyentes llamamos «vocación» y que no debe confundirse solo con la vida de sacerdote, religioso o religiosa. Eso son solamente unas vocaciones, pero dentro de la Iglesia hay muchas más. Ser laico en la Iglesia, es decir, no consagrado de forma especial, es también una vocación, la más abundante, de gran importancia. Significa vivir la propia fe en la vida de cada día, en el lugar de trabajo, en la familia, en las decisiones importantes de la existencia.
Nosotros tenemos nuestros planes, nuestros proyectos, pero viene Dios y nos pone la casa patas arriba. Él llama cuando menos lo esperamos y nos urge a darle respuesta. La Navidad, sin ir más lejos, es la celebración de la venida de Dios al mundo; pero, ¿no estaremos domesticando demasiado la Navidad? ¿No tendremos a Dios demasiado acotado, limitado, encarcelado? ¿De verdad nos ponemos a tiro de su Palabra? ¿Vamos a dejar que él nos estropee nuestras loterías, nuestras cenas, nuestros cotillones, nuestras fiestas?

fuente: www.bibliayvida.com